Que un concejal del equipo de Gobierno utilice el aparcamiento cerrado de la piscina municipal como si fuera su garaje privado ya es grave. Que además existan imágenes de personas ajenas al Ayuntamiento usando libremente las llaves de esa instalación pública es inaceptable. Pero que, tras ser pillado, intente justificarse en la radio diciendo que lo hacía por “vigilancia” y porque él es un “personaje público”, roza el esperpento.
En su reciente entrevista en la Cadena SER, el concejal del PP Javier Trujillo intentó explicar por qué aparcaba su coche en el recinto de la piscina María Luisa Cabañero. Y no, según él no lo hacía por la comodidad de tener sitio reservado ni por ahorrarse el dinero de la zona azul que pagamos todos los vecinos y vecinas de Puertollano. ¡Qué va! Nos dijo que lo hacía por “deber”, porque es concejal “las 24 horas” y tenía que ir en persona a mirar que los niños no saltaran la valla ni tocaran los cuadros eléctricos.
Resulta que en Puertollano no teníamos a un concejal de Deportes, sino a un vigilante nocturno a tiempo completo que se guardaba las llaves en el bolsillo para patrullar él mismo las instalaciones. Como si en esta ciudad no existiera la Policía Local ni los empleados municipales. Una excusa surrealista para intentar tapar lo que es un privilegio en toda regla.
Mire usted, señor “personaje público”: ser concejal no le convierte en una estrella con derecho a pases VIP ni a un aparcamiento privado para usted y sus allegados. Ser representante de la ciudadanía exige dar ejemplo y cumplir exactamente las mismas normas que se le aplican al resto de los vecinos y vecinas.
Y si la explicación del concejal es indignante, la respuesta del alcalde, Miguel Ángel Ruiz, es muy preocupante. El propio Trujillo confesó en la emisora que puso su cargo a su disposición y que Ruiz consideró que ese error, que no dejaba de ser un error, fuera lo suficientemente importante” como para dimitir.
Ahí está el verdadero problema de fondo. Para el Gobierno del Partido Popular en Puertollano, apropiarse de lo que es de todos y todas y utilizar instalaciones municipales en beneficio propio se despacha restándole importancia si lo comete uno de los suyos. Y en su caso, Trujillo prefirió mentir en el pleno diciendo que solo eran “visitas puntuales”, a pesar de que las fotos publicadas en prensa demostraron lo contrario, antes que asumir responsabilidades.
Pedir perdón en la radio solo cuando a uno le pillan con las pruebas en la mano no es un gesto de nobleza: es intentar salvar el sillón. Puertollano no necesita “personajes públicos” con privilegios ni un alcalde que consienta que las instalaciones municipales se traten como un cortijo particular. Lo que nuestra ciudad exige y merece son gobernantes serios, transparentes y que respeten lo que pagamos entre todos y todas.



