El alcalde llegó al Ayuntamiento de Puertollano prometiendo gestión, rigor y transparencia. Venía, decía, a poner orden frente al supuesto caos anterior. Y para escenificarlo eligió un gran símbolo político: la cancelación del concierto de Manuel Carrasco.
Convirtió aquel asunto en un espectáculo mediático permanente. Ruedas de prensa, entrevistas, titulares y acusaciones constantes contra el anterior gobierno. Habló de “mala praxis”, de improvisación y repitió hasta la saciedad una frase con la que pretendía justificarlo todo: “no hay ni un papel”. Esa frase no era solo una explicación. Era una sentencia política. Pero el tiempo ha terminado desmontando aquel relato.
Porque aquel concierto tenía fecha, promoción y miles de entradas vendidas. Tenía a una ciudad entera preparada para uno de los eventos más importantes de ese año. Y ahora llega el dato que desmonta definitivamente toda aquella escenificación política: ya no hablamos de un simple requerimiento. Hablamos de un procedimiento judicial admitido a trámite que debía celebrarse el pasado miércoles y fue aplazado por petición del Ayuntamiento.
Y ahí aparece el problema más grave: la transparencia. Porque quien hizo de este asunto un espectáculo político permanente, quien llenó medios de comunicación, ruedas de prensa y entrevistas hablando del concierto de Manuel Carrasco, ha mantenido oculto que existía un juicio en proceso. Pero cuando la realidad empezó a desmontar el relato, llegaron el silencio y las medias verdades. Incluso preguntados públicamente, siguieron hablando únicamente de “un requerimiento”, cuando el asunto ya estaba judicializado.
Eso dice mucho de la forma de gobernar de Ruiz. Mucho ruido cuando interesa políticamente. Mucho silencio cuando llegan las consecuencias.
La pregunta ahora es inevitable. Si no había nada, si no existía ningún compromiso, si todo era humo y propaganda del anterior gobierno ¿cómo se sostiene un procedimiento judicial completo sobre aquello?
Una vez más, el alcalde está instalado en su posición favorita: la del desconocimiento permanente. Aquí nadie sabe nunca nada. El concejal de Cultura no sabía nada. Con otros asuntos tampoco sabía nadie nada. Y cuando los problemas aparecen, siempre ocurre lo mismo: silencio, excusas y la búsqueda urgente de un culpable al que colocar delante.
El resultado lo conoce toda la ciudad. Puertollano hizo el ridículo nacional con la cancelación de un concierto anunciado y vendido durante meses. La ciudad perdió imagen, actividad económica y credibilidad. Y ahora, además, tiene un procedimiento judicial abierto sobre dicho asunto.
Porque cuando un caso llega a los tribunales y se admite a trámite, deja de ser relato. Empieza a ser realidad jurídica. Y quizá ahí esté la clave de todo esto.
El problema no era el concierto. El problema es tener un alcalde que confunde la gestión municipal con una campaña electoral permanente.
Y eso, por desgracia, sí que nos está saliendo caro.
Partido Socialista Obrero Español de Puertollano



